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Tercer Domingo Cuaresma

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Domingo 23 de Marzo, 2025

 

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

 

“A no ser que ustedes se arrepientan…”

 

“He visto la miseria de mi Pueblo”

 

Saludo (Ver Primera Lectura)

El Señor dice: “He visto la miseria de mi Pueblo;

he oído su clamor anhelando ser libre;

me doy cuenta de su sufrimiento;

intento liberarlos”.

Que este Dios cercano y preocupado por su Pueblo

esté siempre con ustedes.

 

Introducción

1.”A no ser que ustedes se arrepientan…”

Todos sabemos que Cuaresma es un tiempo de conversión. Hay mucho mal en el mundo. Y tenemos conciencia de que también hay mucha maldad en nosotros mismos. Éstas son ciertamente razones para un cambio. Pero la razón más profunda para la conversión no es el mal que percibimos en nosotros mismos y a nuestro alrededor en el mundo, ni los castigos que podamos recibir para pagar por nuestros pecados. El último y más profundo por qué para la conversión es Dios mismo: Encontrar personalmente a Dios y su Amor. Nuestra fe en Dios y en su fidelidad hacia nosotros, y la bondad que nos mostró en Cristo, son los motivos más profundos para arrepentirnos y para responder a su santidad.

 

2.”He visto la miseria de mi Pueblo”

Si vivimos pisando firmes con los dos pies en tierra, no podemos menos de ver que vivimos en un mundo que no es exactamente el mundo soñado por Dios. No somos el Pueblo en el que Dios sueña y al que nos llama. Muchas situaciones y estructuras necesitan cambio; y mucha gente vive en la miseria y en la opresión. Necesitamos conversión; el mundo que nos rodea la necesita. El Señor nos dice en este tercer domingo de Cuaresma: “He visto la miseria de mi pueblo”. ¿Vemos también nosotros esa miseria? ¿Y qué hacemos ante ella? Porque conversión significa cambiar nuestro corazón, nuestras estructuras y, sobre todo, nuestra forma de vida, volviéndonos sinceramente a Dios y a los hermanos. ¿Estamos realmente dispuestos e incluso deseosos de cambiar?

 

Acto Penitencial

¡Qué lejos estamos todavía

de ser las personas soñadas por Dios,

que nos llama a ser

plenamente humanos y cristianos!

Le pedimos a él que nos dé

el espíritu de genuino arrepentimiento.

                        (Pausa)

Señor, tú fuiste en todo igual a nosotros,

pero en ti no hubo pecado.

R/ Señor, ten piedad de nosotros.

 

Cristo Jesús, tú nos llamas repetidamente

a la conversión y a la penitencia.

Haznos lo bastante humildes

para que podamos arrepentirnos.

R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

 

Señor Jesús, tú sientes regocijo por un pecador arrepentido.

Otórganos la alegría de tu perdón.

R/ Señor, ten piedad de nosotros.

 

Ten misericordia de nosotros, Señor,

y perdónanos todo el mal que hemos hecho

y todo el bien que hemos dejado de hacer.

Que tu santidad brille sobre nosotros

y nos lleve a la vida eterna.

 

Oración Colecta

Oremos para que el Señor nos dé el valor

para arrepentirnos sinceramente

y volver a él y a los hermanos.

                           (Pausa)

Oh Dios paciente y bondadoso:

Nosotros estamos muy poco dispuestos

y somos muy lentos

para hacer el cambio de corazón que necesitamos.

Concédenos tiempo para comprender

la amplitud de tu misericordia y tu amor,

que tu Hijo Jesucristo nos mostró en toda su plenitud

en su Pasión y su muerte.

Reconoce a tu propio Hijo en nosotros

y acógenos aun contando con nuestra pobreza.

Levántanos, transfórmanos,

para que proclamemos tu persistente Amor

por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

 

Primera Lectura: Éxodo 3,1-8a.13-15: “Yo soy” me envía a ustedes

En la zarza ardiendo, Dios se revela a Moisés como un Dios que está siempre presente en el pueblo. Él conducirá a su Pueblo elegido desde una tierra de esclavitud hasta una tierra de libertad.

Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; una vez llevó el rebaño más allá del desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. 2El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. 3Moisés dijo: Voy a acercarme a mirar este espectáculo tan admirable: cómo es que no se quema la zarza. 4Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: Moisés, Moisés. Respondió él: Aquí estoy. 5Dijo Dios: No te acerques. Quítate las sandalias de los pies, porque el sitio que pisas es terreno sagrado. 6Y añadió: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Moisés se tapó la cara temeroso de mirar a Dios. 7El Señor le dijo: He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. 8Y he bajado a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel. 13Moisés replicó a Dios: Mira, yo iré a los israelitas y les diré: el Dios de sus padres me ha enviado a ustedes. Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo? 14Dios dijo a Moisés: Soy el que soy. Esto dirás a los israelitas: Yo soy me envía a ustedes. 15Dios añadió a Moisés: Esto dirás a los israelitas: El Señor Dios de sus padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a ustedes. Éste es mi Nombre para siempre: así me llamarán de generación en generación.

 

Salmo 103: El Señor es compasivo y misericordioso

R. (8) Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, lancemos viva al Señor,
aclamemos al Dios que nos salva.
Acerquémonos a él, llenos de júbilo,
y démosle gracias. R. 
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, y puestos de rodillas,
adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo,
pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo;
él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. R. 
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
“No endurezcan su corazón,
como el día de la rebelión en el desierto,
cuando sus padres dudaron de mí, 
aunque habían visto mis obras”. R. 
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

 

Segunda Lectura: 1 Corintios 10,1-6.10-12: Todo sucedió como ejemplo

Dios había conducido a su Pueblo a través de las aguas salvadoras del Mar Rojo, y les había dado maná para comer; sin embargo, muchos fallaron; no respondieron al Amor de Dios, y perecieron. Nosotros estamos bautizados con agua liberadora y comemos el Pan de Vida de la eucaristía; sin embargo, no estamos automáticamente salvados por eso, a no ser que vivamos como Pueblo redimido por Cristo.

No quiero que ignoren, hermanos, que todos nuestros padres estuvieron bajo la nube y atravesaron el mar; 2todos se bautizaron en la nube y el mar uniéndose a Moisés; 3todos comieron el mismo alimento espiritual 4y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que les seguía, roca que es Cristo. 5Pero la mayoría no agradó a Dios y quedaron tendidos en el desierto. 6Esos sucesos nos sirven de ejemplo para que no nos abandonemos a malos deseos como ellos lo hicieron. 10No se rebelen como algunos se rebelaron y perecieron a manos del ángel destructor. 11Todo esto les sucedía a ellos como figura, y se escribió para advertirnos a los que hemos alcanzado la etapa final. 12Por consiguiente, quien crea estar firme, tenga cuidado y no caiga.

 

Evangelio: Lucas 13,1-9: Si no se arrepiente, acabarán como ellos

Dios es paciente y da a cada uno una oportunidad. Accidentes y catástrofes naturales no deben interpretarse como señales de que Dios es vengativo. Sin embargo, los acontecimientos de la vida son un constante llamado a la conversión y a una vida auténticamente cristiana.

En aquella ocasión se presentaron algunos a Jesús, a informarle acerca de unos galileos cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. 2Él contestó: ¿Piensan que aquellos galileos, sufrieron todo eso porque eran más pecadores que los demás galileos? 3Les digo que no; y si ustedes no se arrepienten, acabarán como ellos. 4¿O creen que aquellos dieciocho sobre los cuales se derrumbó la torre de Siloé y los mató, eran más culpables que el resto de los habitantes de Jerusalén? 5Les digo que no; y si ustedes no se arrepienten acabarán como ellos. 6Y les propuso la siguiente parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. 7Dijo al viñador: Hace tres años que vengo a buscar fruta en esta higuera y nunca encuentro nada. Córtala, que encima está malgastando la tierra. 8Él le contestó: Señor, déjala todavía este año; cavaré alrededor, la abonaré, a ver si da fruto. 9Si no, el año que viene la cortarás.

 

Oración de los Fieles

Dios es paciente, y también consciente de nuestras miserias. Roguémosle para que nos ayude en el camino de conversión y de renovación, y digámosle: R/ Señor, ten piedad de tu Pueblo.

  • Para que todos los fieles de la Iglesia escuchemos el llamado de Cristo y de la misma comunidad cristiana para mirar dentro de nuestro corazón y cambiar lo que debemos cambiar, roguemos al Señor.
  • Para que Dios nos dé el valor de comprometernos con Cristo en la liberación de los que se sienten atrapados por su propio egoísmo y por sistemas políticos, sociales y económicos injustos, roguemos al Señor.
  • Para que los que tienen responsabilidad sobre otros sean personas de fe y visión cercanas al Pueblo a ellas encomendado, y preocupadas por su bienestar material y espiritual, roguemos al Señor.
  • Para que sepamos llevar un poco de calor a aquellos cuyo corazón está vacío y frío, y le descubramos la verdadera felicidad en el amor a Dios y a su prójimo, roguemos al Señor.
  • Para que la Palabra de Dios nos estimule a todos nosotros en nuestras comunidades, de manera que demos frutos de justicia y amor, y para que el Pan de Vida de la eucaristía nos dé fuerza y afiance nuestra fidelidad, roguemos al Señor.

Oh Dios de amor y compasión, escucha el grito de un mundo atrapado por el sufrimiento, el egoísmo y el pecado, y haznos libres e ilusionados para obrar siempre el bien, por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

 

Oración sobre las Ofrendas

Señor, Padre misericordioso:

En nuestro Bautismo sembraste en nosotros

las semillas de una nueva vida.

En la eucaristía nos das a tu Hijo

como nuestro compañero de camino

y como alimento para nuestro crecimiento.

No nos permitas pensar que ya estamos salvados

porque tu Hijo está con nosotros.

Que él nos ayude a no caer en egoísmo y en pecado,

a crecer en tu vida y en tu amor

y a apoyarnos unos a otros

en nuestro camino hacia ti,

que eres nuestro Dios,

por los siglos de los siglos.

 

Introducción a la Plegaria Eucarística

Demos gracias al Padre porque, durante este tiempo de gracia de la Cuaresma, nos ofrece la oportunidad de transformarnos e ir creciendo cercanos a él y a los hermanos.

 

Invitación al Padre Nuestro

Oremos al Padre con Jesucristo nuestro Señor,

que conoce todas nuestras necesidades.

R/ Padre nuestro…

 

Líbranos, Señor

Líbranos, Señor, de todos los males

y danos la paz de tu perdón y reconciliación.

Libéranos de todas las ataduras del pecado

y danos el valor de vivir fielmente

la vida a la que tú nos has llamado.

Fortalécenos en las pruebas de la vida,

mientras aguardamos con gozosa esperanza

la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

 

Invitación a la Comunión

Éste es Jesucristo, el Señor,

Cordero de Dios que vino a librar al mundo del pecado

y a sostenernos en nuestra lucha

contra las fuerzas del mal.

Dichosos nosotros llamados a vivir la vida de nuestro Señor, Jesucristo.

 

Oración después de la Comunión

Oh Dios y Padre nuestro:

Que tu Hijo permanezca con nosotros

en el camino de la renovación:

para que pronunciemos su nombre

con respeto y gratitud;

para que edifiquemos tu Reino

y cumplamos siempre tu voluntad;

para que demos pan y espacio de libertad

a cada persona;

para que haya perdón para todos;

para que no nos tentemos unos a otros

induciéndonos al mal

ni nos endurezcamos en nuestro egoísmo.

Esperamos que haya liberación

y redención de nuestros pecados,

de tal modo que sigamos confiando en ti

y vivamos siempre en tu Amor.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Bendición

Hermanos: Donde y cuando Dios se revela a su Pueblo, allí les da una misión. Hoy nos ha dicho de nuevo en esta eucaristía: “He visto las miserias de mi Pueblo”. Él nos dice a nosotros también: “Díganles a sus hermanos y hermanas que el Dios de nuestros Padres nos envía a ellos para llevarlos a una tierra de libertad donde será bueno y bello vivir juntos en paz, solidaridad y amistad.” Compartamos el amor de Dios, los unos con los otros. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre. Vayan en paz y compartan la preocupación y el amor de Dios por su Pueblo.

 

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