Liturgia viva

El calendario litúrgico anual

TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

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Domingo 22 de Enero

TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Una luz alborea

 

Saludo

Que Cristo, la verdadera luz del mundo,

inspire y alegre las vidas de ustedes.

Que nuestros rostros reflejen su calor y su amor,

y que el Señor esté siempre con ustedes.

 

Introducción del Celebrante

     Estamos convencidos de que la venida de Jesús supuso un cambio radical para el mundo. Con él la luz de Dios comenzó a brillar en un mundo sumergido en la tiniebla. Hoy ¿se ha disipado acaso la oscuridad de nuestro mundo? ¿Incluso la de su Iglesia y de las Iglesias? ¿Es Jesús todavía hoy nuestra luz? Nuestras vidas ¿reflejan la luz de Dios a todos los pueblos, cercanos y lejanos? Aclamamos a Jesús, que está aquí entre nosotros como luz de nuestra vida.

 

Acto Penitencial

Pidamos perdón al Señor

por las veces en que nuestros pecados impidieron

que la luz de Cristo brillara sobre nosotros.

                          (Pausa)

Señor Jesús, que tu luz resplandezca

en la oscuridad de nuestro mundo.

R/ Señor, ten piedad.

 

Cristo Jesús, que tu luz brille sobre nosotros

y que disipe y elimine todos nuestros pecados.

R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

 

Señor Jesús, que tu luz brille

sobre todas las iglesias que profesan tu nombre;

y haz que todas sean una en ti.

R/ Señor, ten piedad de nosotros.

 

Señor, que tu amor, dispuesto siempre a perdonar,

ahuyente el pecado de nuestros corazones

y que tu luz resplandezca sobre nosotros.

Llévanos a la vida eterna.

 

Oración Colecta

Oremos para que sepamos seguir a Jesús

radicalmente, hasta el fin.

                     (Pausa)

Oh Dios y Padre nuestro:

Tu Hijo nos invita, de modo suave pero insistente,

a seguirlo como discípulos fieles.

Abre nuestras mentes a su luz;

haz que respondamos a su amor

y que le confiemos a él todo nuestro ser.

Que su reino crezca en cada uno de nosotros y en todo el mundo,

para que nos lleve con esperanza

a la alegría que tú has preparado para nosotros en tu casa

Te lo pedimos por medio de Jesucristo nuestro Señor.

 

Primera Lectura (Is 8,23b–9,3): Las promesas de Dios son luz para su Pueblo

     En los días oscuros de opresión y deportación, Dios promete a su pueblo la luz de la alegría y la salvación.

Isaías 8,23b–9,3: En la Galilea de los gentiles el pueblo vio una gran luz

 

Si en otro tiempo humilló el país de Zabulón y el país de Neftalí, en un futuro ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la región de los paganos. 9.1El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa; los que habitaban un país de sombras se inundaron de luz.9.2Has acrecentado la alegría, has aumentado el gozo: gozan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como se alegran los que se reparten el botín.9.3Porque la vara del opresor, el yugo de sus cargas, su bastón de mando los trituraste como el día de Madián.

 

Salmo 27: «El Señor es mi luz y mi Salvación»

 

Segunda Lectura (1 Cor 1,10-13.17): ¡Estén unidos en Cristo!

     Los cristianos de Corinto están divididos en facciones, cada uno dando culto a la personalidad de los que les predican el Evangelio. Pablo les dice: ¡No dividan a Cristo; vivan unidos en él!

1 Corintios 1,10-13.17: «Pónganse de acuerdo y no estén divididos»

 

Hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo les ruego que se pongan de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes sino que vivan en perfecta armonía de pensamiento y opinión. 11Porque me he enterado, hermanos míos, por la familia de Cloe, de que existen discordias entre ustedes. 12Me refiero a lo que anda diciendo cada uno: «Yo soy de Pablo», «yo de Apolo», «yo de Cefas», «yo de Cristo». 13¿Está dividido Cristo? ¿Ha sido crucificado Pablo por ustedes o han sido bautizados invocando el nombre de Pablo? 17Porque Cristo no me envió a bautiza, sino a anunciar la Buena Noticia, sin elocuencia alguna, para que no pierda su eficacia la cruz de Cristo.

 

Evangelio (Mt 4,12-23): Cristo, Luz para todos los que viven en oscuridad

     Jesús cumple la profecía de Isaías: Él es la luz prometida, porque nos trae la Buena Noticia de Salvación.

Mateo 4,12-23: «Vengan y los haré pescadores de hombres»

 

Al saber que Juan había sido arrestado, Jesús se retiró a Galilea, 13salió de Nazaret y se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí. 14Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías: «15Territorio de Zabulón y territorio de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. 16El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz intensa, a los que habitaban en sombras de muerte les amaneció la luz». 17Desde entonces comenzó Jesús a proclamar: «¡Arrepiéntanse que está cerca el reino de los cielos!» 18Mientras caminaba junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos –Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano– que estaban echando una red al lago, pues eran pescadores. 19Les dijo: «Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres». 20De inmediato dejaron las redes y lo siguieron. 21Un trecho más adelante vio a otros dos hermanos –Santiago de Zebedeo y Juan, su hermano– en la barca con su padre Zebedeo, arreglando las redes. Los llamó, 22y ellos inmediatamente, dejando la barca y a su padre, lo siguieron. 23Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando entre el pueblo toda clase de enfermedades y dolencias.

 

Oración de los Fieles

     Pidamos a Dios nuestro Padre que la luz de su Hijo Jesucristo traiga esperanza y salvación a todos. Y digamos: R/ Que la luz de Cristo brille sobre nosotros.

 

  • Para que el Pueblo de Dios sea en este mundo como una gran luz que ilumine la tiniebla; para que seamos hombres y mujeres comprometidos en construir un mundo mejor, roguemos al Señor.
  • Para que los líderes del mundo lleven rayos de esperanza a las vidas de los que sufren, administrando justicia a los oprimidos, respetando la dignidad humana de cada persona, ayudando y creando bienestar a favor de los que no pueden valerse por sí mismos, roguemos al Señor.
  • Para que la paz y la unidad den nueva vida a nuestros hogares, a todas nuestras comunidades humanas, y a nuestra nación; y para que no haya polarizaciones ni divisiones en la comunidad cristiana, roguemos al Señor.
  • Para que los que buscan y caminan a tientas en la vida descubran a Cristo como la respuesta a su búsqueda de amor, verdad y bondad, roguemos al Señor.
  • Para que nosotros aquí reunidos, y todas las comunidades cristianas, seamos para todos los que nos vean como una luz en lo alto de la montaña, guiando a los hermanos al amor de Dios, roguemos al Señor.

 

     Oh Dios, Padre nuestro, no permitas que los que creemos en tu Hijo vivamos en la oscuridad del mal. Que Jesús sea el guía que nos lleve a ti, Dios nuestro, por los siglos de los siglos.

 

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios nuestro,

creador de la luz que eres la luz misma:

Que tu Hijo venga a nosotros

como sendero de vida hacia ti.

Abre nuestros ojos ciegos

para que lo descubramos

como tu luz que nos hace señales.

Que nosotros también

comencemos a ver y descubrir

a los hermanos que nos rodean

y las esperanzas y peticiones que brillan en sus ojos;

llévanos a todos

a tu Hijo Jesucristo nuestro Señor.

 

Introducción al Prefacio

            Ahora damos gracias a nuestro Padre bondadoso por habernos llamado, por medio de Cristo, a su propia luz maravillosa.

 

Invitación al Padre Nuestro

Guiados por Jesús mismo,

oramos con su plegaria confiada

a Dios nuestro Padre.

R/ Padre nuestro…

 

Líbranos, Señor

Líbranos, Señor,

de la oscuridad del pecado y de mal

y muéstranos la paz y la luz de Jesús, tu Hijo.

Disipa de nuestros corazones

la oscuridad del miedo y de la ansiedad

y condúcenos hacia a la alegría y a la luz

de la venida plena a nosotros

de nuestro Salvador Jesucristo.

R/ Tuyo es el reino…

 

Introducción a la Comunión

Éste es Jesús, el Señor,

que dijo de sí mismo:

“Yo soy la luz del mundo”.

Dichosos nosotros de creer en él y de seguirlo,

pues así conseguiremos la luz de la vida.

R/ Señor, no soy digno…

 

Oración después de la Comunión

Señor Dios nuestro:

En nuestro caminar hacia ti,

Tú nos has iluminado con la Palabra de tu Hijo

y nos has fortalecido con el alimento de su Cuerpo.

Que él nos transforme a su imagen,

como luz para el mundo;

que llevemos una chispa de esperanza

a donde haya desesperación,

un resplandor de alegría a donde haya tristeza,

un arrebol de amor a donde haya indiferencia

o, más aún, a donde haya odio y rencor.

Te lo pedimos en el nombre de Jesús el Señor.

 

Bendición

     Hermanos: Podemos ir y llevar con nosotros la luz de Cristo, para que resplandezca en el mundo. Hablemos, con nuestras vidas, su mensaje de alegría y esperanza, y mostremos que Cristo vive en nosotros por lo que somos y hacemos. Ojalá el Señor nos acompañe. Y así, que la bendición de Dios, Padre , Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

 

Uno de los símbolos más hermosos de la Biblia es el de la luz. Está presente en la Creación al inicio del mundo y dirige el camino de Moisés para encontrar la zarza ardiente donde se manifiesta Dios. La luz entra por los ojos de las personas curadas por Jesús, siendo metáfora de la sanación física; en los evangelios, es signo de quienes pueden ver en Jesús al Mesías esperado.

El símbolo de la luz es presencia divina en el caminar del pueblo creyente. El profeta Isaías usa el lenguaje de luz y tinieblas para anunciar el fin de una vida en angustia. En una proclamación que denuncia los sufrimientos del pueblo, el profeta recuerda la opresión de los pueblos de Zabulón y Neftalí al anunciarles que son territorios que pasarán de una marejada de tinieblas a una inundación de luz. La luz es símbolo de una transformación concreta de la vida de las personas, manifestada en la prometida e inminente caída del

opresor. Llega así el fin del yugo que ha impuesto terribles cargas sobre los hombros del pueblo. Para Isaías, luz es el fin de la dominación de los poderosos, y causa la alegría y el gozo de las personas.    

Muchos años después el evangelista Mateo, cuyo mensaje bebe fuertemente de las tradiciones del pueblo de Israel, anuncia el ministerio de Jesús utilizando también la metáfora de la luz. Mateo toma el texto de Isaías sobre Zabulón y Neftalí para explicar la llegada de Jesús a Galilea. Para el evangelista su venida es como el arribo de la luz que acaba con la oscuridad. Jesús inicia en este territorio la proclamación del reino de Dios, proyecto salvífico dirigido al pueblo. Tanto para Isaías como para Mateo esta luz trastoca la vida de las personas. Proclamar el Reino tiene como consecuencia inmediata el acto de sanar enfermedades y dolencias, liberando a las personas de sus sufrimientos físicos y emocionales, reintegrándolos a la sociedad. El proyecto del Reino liberador trae luz a las personas que han vivido en la oscuridad, la exclusión, el dolor y la agonía.

Pablo hace una llamada fuerte a la comunidad que se ha dividido entre su liderazgo y el de Apolo o Cefas. La luz de la comunidad se alcanzará cuando los lazos de unión estén por encima de las disputas y divisiones internas. La responsabilidad de construir esa Iglesia sinodal, comunidad de comunidades, es la invitación que nos hace hoy la Escritura. Sólo así gritaremos a una voz: ¡Y el pueblo ha visto la gran luz de Dios!

 

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