Sábado 8 de Abril
VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA
VIGILIA PASCUAL: LIBRES Y RESUCITADOS CON CRISTO
Libres y resucitados con Cristo
“Yo estuve allí”
Liberados y viviendo la Alianza de su Amor
Estructura del Rito. El rito de la Vigilia Pascual integra armoniosamente todos los elementos en una celebración continua que sigue la estructura normal de la celebración eucarística.
La Liturgia de la Luz es como el rito de apertura de la Misa.
La Liturgia de la Palabra es una versión expandida de la acostumbrada Liturgia de la Palabra, de forma que podamos oír cosas bellas sobre Dios, que libera a su pueblo en el Antiguo y en el Nuevo Testamento; aquí colocamos el Gloria después de las lecturas del Antiguo Testamento y antes de las del Nuevo, para subrayar nuestra entrada en la Alianza definitiva de alegría y vida.
Después del Evangelio y de la homilía viene la Liturgia Bautismal en todas partes con la bendición del agua y con la renovación de las promesas bautismales, y en las parroquias, ojalá que con un bautismo real. En el caso del bautismo de un adulto, si el celebrante ha colaborado también en la preparación para el bautismo del candidato, la ley misma le confiere el poder de administrarle también el rito del Sacramento de la Confirmación, sin recurrir al obispo.
Por último viene la Liturgia de la Eucaristía. Se considera que los que participan en ella han cumplido con el Oficio de Lectura para Pascua.
Nota: Ya que hay una introducción del Celebrante Presidente para cada parte de la celebración de esta noche, un ministro apropiado puede dar la siguiente introducción general al principio del servicio.
La realidad del misterio total de la Pascua es para nosotros tan asombrosa y real que la tenemos que re-vivir no sólo como un acontecimiento del pasado sino como algo presente y real que nos afecta a nosotros hoy.
Esta noche, pues, celebramos el acontecimiento capital y central para la cristiandad: La liberación del pueblo de Dios de la esclavitud del pecado, de forma que los hombres pueden entrar en la nueva y eterna Alianza por la que Dios, por su propia iniciativa, vincula a su pueblo consigo mismo en una profunda unión de vida y amor.
En favor del pueblo, en el Antiguo Testamento, Dios vio las dificultades que los judíos sufrían en su situación de esclavitud en Egipto, los liberó y selló con ellos la Alianza por medio de Moisés en el Monte Sinaí.
En favor nuestro, como cristianos, Dios vio que éramos esclavos del pecado e incapaces de deshacernos de él. Por eso envió a Jesús, su propio Hijo, para hacernos libres por su muerte en la cruz en el Monte Gólgota y por su resurrección. Ahora somos un pueblo libre, capaz de proveer amor, servicio y justicia. Celebramos esta libertad y esta Nueva Alianza esta misma noche.
Hermanos y hermanas, esto es lo que intentamos re-vivir en esta celebración Pascual. Ésta es nuestra celebración mayor, pues es la celebración de la vida y de la mayor alegría.
La realidad del misterio total de la Pascua es para nosotros tan asombrosa y real que la tenemos que re-vivir no sólo como un acontecimiento del pasado, sino como algo presente y real que nos afecta a nosotros hoy.
Cuando Jesús murió en la cruz yo estaba allí y lo miré con respeto. Cuando Jesús murió en la cruz y lo enterraron yo estaba allí, y fallecí y fui enterrado con él, porque he sido bautizado en su muerte. Cuando Jesús resucitó de entre los muertos, allí estaba yo con él, porque surgí con él a la nueva vida del bautismo. Cuando Jesús, como primer nacido de entre los muertos, se nos adelantó a la tierra prometida de la gloria, allí también estaba yo con él y comencé, con todo el pueblo de Dios, mi peregrinación hacia la tierra prometida del cielo y todavía sigo en camino, lleno de esperanza.
Hermanos y hermanas, esto es lo que revivimos en esta celebración pascual. Ésta es nuestra fiesta mayor, la más solemne de todas las celebraciones, porque es la celebración de la vida y de la mayor alegría.
La realidad del misterio total de la Pascua es tan asombrosa y real para nosotros que la tenemos que re-vivir no solo como un acontecimiento del pasado, sino como algo presente y real que nos afecta a nosotros hoy.
Esta noche, pues, celebramos el acontecimiento capital y central para la cristiandad: La liberación del pueblo de Dios de la esclavitud del pecado, de forma que los hombres pueden entrar en la nueva y eterna Alianza por la que Dios, por su propia iniciativa, vincula a su pueblo consigo mismo en una profunda unión de vida y amor.
En favor del pueblo, en el Antiguo Testamento, Dios vio las dificultades que los judíos sufrían en su situación de esclavitud en Egipto, los liberó, y selló con ellos la Alianza por medio de Moisés, en el Monte Sinaí.
En favor nuestro, como cristianos, Dios vio que éramos esclavos del pecado e incapaces de deshacernos de él. Por eso envió a Jesús, su propio Hijo, para hacernos libres por su muerte en la cruz en el Monte Gólgota y por su resurrección. Ahora somos un pueblo libre, capaz de proveer amor, servicio y justicia. Esta misma noche celebramos esa libertad y esa Nueva Alianza.
Hermanos y hermanas, esto es lo que intentamos re-vivir en esta celebración Pascual. Ésta es nuestra celebración mayor, pues es la celebración de la vida y de la mayor alegría.
Introducción del Celebrante
Querido Pueblo de Dios: Al principio de la celebración de la Pascua judía el más joven de la familia o del grupo preguntaba: “¿Por qué es esta noche tan diferente de otras noches?”, y el jefe de familia respondía: “Esta noche tenemos una celebración muy especial, porque una vez, hace muchísimos años, éramos esclavos del Faraón de Egipto, pero Dios, el Señor, nos hizo libres y condujo a su pueblo fuera de Egipto con alegría”. Cuando nosotros, los cristianos, nos preguntamos esta noche: “¿Por qué celebramos en la oscuridad de la noche?”, respondemos: “Comenzamos nuestra celebración en la oscuridad, porque una vez éramos esclavos de la oscuridad del pecado, pero el Señor, Jesús, nos ha hecho libres muriendo por nosotros en la cruz. Pero en la noche de Pascua Jesús resucitó de entre los muertos y nos trajo nueva vida, la vida del Resucitado. Allí nos hizo nuevo pueblo escogido de Dios y vino a ser nuestra luz para conducirnos a la tierra prometida”. Por eso encendemos el fuego y el Cirio Pascual mientras cantamos nuestra alabanza y acción de gracias a Dios.
Después se bendice el fuego, se enciende el Cirio Pascual, se hace la procesión a la Iglesia y se canta el Pregón Pascual.
III. SEGUNDA PARTE: LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción del Celebrante
Escuchemos ahora la Palabra de Dios con oídos y corazón abiertos y con gran alegría. Esta noche la Palabra de Dios habla de la liberación del pueblo de Dios, antiguo y nuevo, y por lo tanto, de cómo también nosotros hemos sido liberados por la muerte y resurrección de Jesús.
Nota: Las siete lecturas del Antiguo Testamento pueden reducirse a tres. Pero en tal caso, Éxodo 14, sobre el paso de Israel hacia la Tierra prometida, debería estar siempre entre las seleccionadas. Nosotros, en estos subsidios litúrgicos, hemos seleccionado cuatro de ellas, para dar más opciones.
Primera Lectura (Gén 1,1-31; 2,1-2): El hermoso poema de la Creación
En este primer acto de Salvación, Dios creó el orden desde el caos, y la luz desde las tinieblas. Creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, y les confió la tierra y sus recursos para que los desarrollaran.
Gén 1,1–2,2: Vio Dios todo lo que había hecho
Sal 33: La misericordia del Señor llena la tierra
Segunda Lectura (Éx 14,15—15,1): Pasando a través del agua hacia la libertad
Esta es la historia de la noche de la liberación de Israel. Dios condujo a su pueblo de la esclavitud a la libertad a través de las aguas salvadoras del Mar Rojo, e hizo una Alianza con él. Nosotros entraremos a gozar de la libertad de Cristo por medio de las aguas del bautismo.
Tercera Lectura (Ez 36,16-28): Un nuevo Pueblo con un nuevo corazón
Cuando durante el exilio los judíos se arrepienten de su infidelidad, Dios promete purificar a su pueblo de sus pecados. Llegarán a ser un nuevo pueblo con un nuevo corazón, viviendo en una nueva Alianza de amor. Nosotros somos ese pueblo de la Nueva Alianza purificado en el bautismo.
Cuarta Lectura (Is 55,1-11): Invitación al paraíso recuperado
Si buscamos al Señor, él nos regenerará con su libre don de gracia y sellará con nosotros una nueva Alianza. Así, entonces, podremos ser sus testigos para todas las naciones y podremos llevarlas a Dios.
Introducción antes del Gloria y de la Oración Colecta
Los cirios del altar se encienden ahora, ya que ahora proclamaremos la Palabra de Dios tomada del Nuevo Testamento, en el que Cristo es nuestra luz.
Oración Colecta
Oremos para que, con todo entusiasmo,
sepamos seguir a Cristo, nuestra luz y nuestra vida.
(Pausa)
Señor Dios nuestro:
Tú has iluminado esta noche con la luz gloriosa de Cristo.
Haz que nazcamos con él a una nueva vida,
una vida de amor fiel en la nueva Alianza;
y renuévanos en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu
para que seamos tus hijos e hijas fieles
y te rindamos incondicional servicio,
junto con tu Hijo resucitado,
Jesucristo, nuestro Señor.
Primera Lectura del Nuevo Testamento (Rom 6,3-11): Resucitados con Cristo
Nosotros logramos participar de la muerte y resurrección de Cristo por medio del bautismo; allí adoptamos la lucha contra el pecado y comenzamos a vivir la vida de Cristo.
Rom 6,3-11: Cristo ya no muere
Evangelio del Año A (Mt 28,1-10): El Señor ha resucitado
Dios se revela a sí mismo con gran poder en la resurrección de Jesús. Es una nueva creación del mundo, comenzando, como la primera creación, el día primero. Las mujeres, los discípulos y nosotros, discípulos hoy, somos ahora testigos de Cristo resucitado.
Mt 28,1-10: «Ha resucitado y los precede en Galilea»
Pasado el sábado, al despuntar el alba del primer día de la semana, fue María Magdalena con la otra María a examinar el sepulcro. 2De repente se produjo un fuerte temblor, un ángel del Señor bajó del cielo, llegó e hizo rodar la piedra y se sentó encima. 3Su aspecto era como el de un relámpago y su vestido blanco como la nieve. 4Los de la guardia se pusieron a temblar de miedo y quedaron como muertos. 5El ángel dijo a las mujeres: «Ustedes no teman. Sé que buscan a Jesús, el crucificado. 6No está aquí; ha resucitado como había dicho. Acérquense a ver el lugar donde yacía. 7Después vayan corriendo a anunciar a los discípulos que ha resucitado y que irá por delante a Galilea; allí lo verán. Éste es mi mensaje». 8Se alejaron rápidamente del sepulcro, llenas de miedo y gozo, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. 9Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Alégrense!» Ellas se acercaron, se abrazaron a sus pies y se postraron ante él. 10Jesús les dijo:«No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, donde me verán».
Nota: Si no hay bautizos ni se bendice la pila bautismal, las letanías de los santos se omiten, y se hace inmediatamente la bendición del agua, seguida de la renovación de las promesas del bautismo.
Renovación de las Promesas Bautismales
Introducción del Celebrante
Hermanos y hermanas en Cristo: En esta hermosa noche recordamos la muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Muriendo destruyó la muerte para nosotros, resucitando a una nueva vida ha afirmado nuestra propia vida. En el bautismo hemos muerto con él al pecado, pero no hemos ganado todavía todas nuestras batallas contra el mal, y la vida de Dios en nosotros no ha llegado todavía a florecer plenamente. Por eso la Iglesia nos invita ahora a rechazar de nuevo todo lo que va contra la Alianza de amor y, como lo hicimos en el bautismo, prometer vivir conforme a su ley de servicio, bondad y amor. Renovemos, pues, nuestras promesas bautismales.
Oración de los Fieles
Oremos a Dios nuestro Padre, que ha resucitado a Jesús de entre los muertos, y digámosle: R/ Señor, por tu Hijo Resucitado, danos nueva vida.
Oh Dios y Padre nuestro: Tú nos llamas hijos e hijas tuyos y es lo que realmente somos. Haz que cooperemos contigo con gratitud en las obras de tu amor creativo y servicial, y que esperemos con anhelo y con esperanza la felicidad sin fin a nosotros prometida en Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor, Dios de vida:
Tú nos reúnes alrededor de esta mesa santa
para celebrar la comida Pascual
de nuestro Señor Jesucristo.
Acepta, con este pan y este vino,
las plegarias y ofrendas de tu pueblo.
Robustece y haz firme nuestra fe,
para que tu Hijo continúe
viviendo en nosotros y llevándonos a ti,
nuestro Dios de vida y amor,
por los siglos de los siglos.
Introducción a la Plegaria Eucarística
Que nuestra alegría se desborde hoy al dar gracias al Padre por habernos salvado por la muerte y resurrección de Jesús, su Hijo.
Invitación al Padre Nuestro
Ya que somos hijos e hijas del Padre por el bautismo,
que la alegría del Espíritu clame desde dentro de nosotros
con las mismas palabras de Jesús. R/ Padre nuestro…
Invitación a la Comunión
Éste es Jesús, nuestro Señor resucitado,
que dijo a sus apóstoles,
y nos dice de nuevo a nosotros esta noche:
“Yo soy el Pan de Vida.
Quienes comen mi carne y beben mi sangre
tienen vida eterna y yo viviré en ellos.”
Con esta clara fe, acerquémonos a la mesa del Señor.
R/ Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre nuestro:
Con inmensa alegría hemos participado
en la Cena Pascual de tu Hijo.
Por su Cuerpo y Sangre nos has asegurado
que estamos destinados a la vida eterna,
y que esta vida está ya desarrollándose en nosotros.
Sigue llenándonos con el Espíritu de tu amor,
para que vivamos en la alegría de tu pueblo santo,
siendo todos uno de mente y corazón por el amor,
y viviendo los unos para los otros, y todos para ti,
nuestro Dios y Padre, por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: ¡Qué experiencia única de alegría si hemos revivido realmente esta noche santa lo que hemos llegado a ser por medio de la resurrección de Jesucristo! Queremos mantenernos viviendo en la esperanza y felicidad de un pueblo que ha resucitado por encima del mal y del pecado y se esfuerza por vivir para favorecer todo lo bueno, justo y bello. Que la bendición de Dios todopoderoso y amoroso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
Pascua es la fiesta de la vida después de la experiencia del duelo o el luto vividos. Todas las fuerzas se concentran en la celebración de lo nuevo que resurge, echando afuera el temor y abriéndole paso a la esperanza. El anuncio de aquello que resurge de los escombros y de la ruina necesita de agudeza espiritual para que sea percibido. En nuestros días pesan más las malas noticias que las buenas; pesa más el mal individual que el bien común. ¿Cómo hacer para tener una mirada más apreciativa y comprometida con la vida? Pensemos por un momento que este anuncio es el que fundamenta nuestra fe en Jesús: Dios actuante y vivo para siempre en las comunidades resucitadas a impulso del Espíritu. Hagamos el ejercicio de imaginar cómo esa vitalidad se hace presente en quienes estamos invitados a ser portadores de esta alegría. No hay lugar para pesimismos o miradas parciales; todo es gracia vivificante. ¿Qué te falta para “resucitar” con Jesús a nuevas (alternativas) maneras de vivir?