PRIMER DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
Resucitados con Cristo
Nuevo Pueblo en Cristo Resucitado
“Vio y creyó”
Reconocieron al Señor al partir el pan
Saludo
¡Cristo ha resucitado, aleluya!
Con los cristianos de todo el mundo
gritamos este grito de alegría, hoy,
mientras damos gracias a nuestro Padre del cielo
por resucitar a Jesús de entre los muertos.
¡Feliz Pascua de Resurrección a todos ustedes!
Que la paz y la alegría del Señor resucitado
estén con todos ustedes.
Introducción del Celebrante
Hoy encontramos en la eucaristía a Jesús, el Señor resucitado. Este Jesús que fue condenado a muerte, azotado, ridiculizado, coronado de espinas, que recibió burlas y abucheo cuando moría en la cruz, RESUCITÓ, está vivo. Desde ese día Dios nos garantiza que su amor es más fuerte que la muerte.
También nos asegura Dios en este día: “¡Miren a mi Hijo resucitado: Con él ustedes también están ya resucitando de sus penas, soledad, heridas y sufrimiento. Junto con mi Hijo y con el resto de la Iglesia, la misión de ustedes es levantar al pueblo de sus miserias, reavivar su esperanza, alegría y felicidad hasta el día en que resuciten totalmente a la felicidad eterna, que nunca podrá disminuir ni nadie se la puede arrebatar”.
Esto es lo que nos ha dicho el Señor: que seamos instrumentos eficaces de vida y resurrección. Que la alegría de Cristo resucitado ilumine sus rostros con gran resplandor.
Acto Penitencial
Cristo venció al pecado y a la muerte.
¿Hemos colaborado eficazmente con él
para alejar de nosotros el mal del pecado?
(Pausa)
Señor Jesús, ¡a ti todo honor y toda gloria!
Porque tú eres el primer nacido de entre los muertos.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, ¡a ti todo honor y toda gloria!
Porque tu resurrección es una promesa gozosa
de un mundo nuevo.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, ¡a ti toda nuestra gratitud!
Porque tú, con tu nueva vida, eres la esperanza de todos los hombres.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Ten piedad de nosotros, Señor.
Estamos seguros
de que nos perdonas todos nuestros pecados
y de que quieres que vivamos al máximo una nueva vida.
Quédate con nosotros y guíanos hacia adelante
por el camino de la vida eterna.
Oración Colecta
Demos gracias al Padre
porque nos ha traído vida y alegría
por medio de Jesús, su Hijo Resucitado.
(Pausa)
Oh Dios de vida y amor:
Nos regocijamos hoy porque Jesús ha resucitado
y porque ha comenzado a resucitarnos con él en el bautismo.
Continúa en nosotros el trabajo de resurrección;
álzanos, por encima de nuestras faltas y de nuestra mediocridad,
a la alegría y al amor generoso
para servirte a ti sirviéndonos unos a otros.
Que tu Espíritu nos haga libres
para llevar esperanza y justicia
a todos los que nos rodean,
hasta que nos resucites plenamente
para compartir en tu felicidad sin límite en el cielo.
Te lo pedimos en nombre de Jesús,
nuestro Señor Resucitado,
que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo
por los siglos de los siglos.
Primera Lectura (Hch 10,34a.37-43): Testigos de la Resurrección
San Pedro testifica sobre la realidad de la resurrección: Jesús en realidad ha resucitado personalmente y, si creemos en el Señor resucitado, seremos salvados.
Hechos 10,34a.37-43: «Hemos comido y bebido con Él»
Pedro tomó la palabra: 37«Ustedes ya conocen lo sucedido por toda Judea, empezando por Galilea, a partir del bautismo que predicaba Juan. 38Cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret conEspíritu Santo y con poder: él pasó haciendo el bien y sanando a los poseídos del diablo, porque Dios estaba con él. 39Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y Jerusalén. Ellos le dieron muerte colgándolo de un madero. 40Pero Dios lo resucitó al tercer día e hizo que se apareciese, 41no a todo el pueblo, sino a los testigos designados de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él después de su resurrección. 42Nos encargó predicar al pueblo y atestiguar que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. 43Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él en su nombre reciben el perdón de los pecados».
Salmo 118: Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo
Segunda Lectura (Dos opciones)
La resurrección de Cristo ha comenzado ya en nosotros, dice San Pablo. Tenemos que continuar resucitando con él, dejándole que nos libere cada vez más profundamente, para poder participar un día en su gloria plena de resucitado.
Colosenses 3,1-4: «Busquen los bienes de arriba»
Si han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; 2piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra. 3Porque ustedes están muertos y su vida está escondida con Cristo en Dios. 4Cuando se manifieste Cristo, que es vida de ustedes, entonces también ustedes aparecerán con él llenos de gloria.
Evangelio (Dos opciones)
1.”Vio y creyó” [En Misas de día] (Jn 20,1-9)
María Magdalena y los apóstoles estaban contrariados al encontrar la tumba vacía. Pero primero Juan, después los demás, se percataron de que Jesús había resucitado de entre los muertos. Por eso fortalecen ahora nuestra fe en el Señor Resucitado.
Juan 20,1-9: Él había de resucitar
El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro. 2Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús, y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». 3Salió Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro. 4Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro. 5Inclinándose vio las sábanas en el suelo, pero no entró. 6Después llegó Simón Pedro, que lo seguía y entró en el sepulcro. Observó los lienzos en el suelo 7y el sudario que le había envuelto la cabeza no en el suelo con los lienzos, sino enrollado en lugar aparte. 8Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. 9Todavía no habían entendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.
Después de la Homilía, se renuevan las Promesas Bautismales.
Oración de los Fieles
En este día de la resurrección del Señor celebramos su y nuestra nueva vida de resucitados. Roguemos al Señor de la vida y digamos: R/ Señor Resucitado, renuévanos con tu nueva vida.
Señor Jesús, glorioso y resucitado, en ti la vida y el amor fueron más fuertes que la muerte. Que tu vida en nosotros nos traiga luz, perdón y alegría, ahora y por los siglos de los siglos.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Padre, fuente de vida:
Celebramos juntos nuestra nueva vida
en torno a la mesa de tu Hijo
y te la ofrecemos con él.
Acepta nuestra alegría y nuestra acción de gracias,
y que su vida y amor
crezca cada día en nosotros
y en la comunidad que él salvó.
Que el poder de su resurrección actúe en nosotros
para alzar y animar
a nuestros hermanos y hermanas que sufren.
Te lo pedimos en nombre de Jesús, el Señor.
Introducción a la Plegaria Eucarística
Con profunda gratitud y alegría demos gracias al Padre, porque nos ha salvado y nos ha hecho nuevos por la muerte y resurrección de Jesús.
Introducción al Padre Nuestro
Como hijos e hijas del Padre, hechos tales
gracias a la muerte y resurrección de Jesús,
recitémosle juntos la oración
que aprendimos de nuestro Señor resucitado.
R/ Padre nuestro…
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y danos en nuestros días
la paz que nuestro Señor Jesús
ofreció a los apóstoles en la noche de Pascua.
Para que pertenezcamos a tu nuevo pueblo,
guárdanos libres del pecado
y fortalécenos en las pruebas de la vida.
Ya ahora, en esta vida, esperamos la felicidad
de los que han resucitado con tu Hijo,
y estamos seguros de la venida gloriosa
de tu mismo Hijo Vivo, Jesucristo nuestro Señor.
R/ Tuyo es el reino…
Invitación a la Comunión
Éste es el Señor Resucitado,
nuestro Cordero Pascual sacrificado,
pero que recibió nueva vida.
Con fe en él, aceptemos su invitación
para comer este pan que nos da vida.
R/ Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Padre bondadoso:
Lo hemos oído hoy:
Hemos vuelto a la vida por medio de Jesús,
y hemos comido en esta mesa
el alimento de la resurrección y la vida.
Por tu Santo Espíritu, guárdanos siempre fieles
a nuestras promesas bautismales;
haz contagiosos nuestra alegría y amor;
haz que seamos tu nuevo pueblo;
y resucítanos en el último día
con Jesús, tu Hijo glorioso,
porque él es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Cristo, resucitando de entre los muertos, nos ha hecho a todos nuevos. Que ojalá sepamos vivir como personas resucitadas después de encontrar al Señor en su Palabra, en la Mesa eucarística, y en nuestros hermanos. Que ojalá sepamos llevar su vida y esperanza a todos los que nos rodean. Y que Dios todopoderoso los bendiga a todos con su fuerza, su compasión y su amor generoso: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Seguimos en el primer día de la semana, recuerdo del primer día de la Creación, cuando Dios creó la luz y la separó de la tiniebla. Jesús regenera la Creación entera, la lleva de la muerte a la vida. La amistad entre María Magdalena y Jesús, entre Jesús y el discípulo no se rompe con la muerte. El encuentro con el Señor Resucitado se da en la fidelidad sostenida por el amor. La fe aparece como fruto de quienes permanecen arraigados en el amor de Dios.
Consecuencias de la resurrección de Jesús:
No podemos resignarnos al mundo que hoy tenemos. La Pascua es una invitación a abrazar nuestra libertad de hijos e hijas y consagrar nuestras nuevas fuerzas a la resurrección del mundo resucitados con él.
La vida de Jesús es impulso y nos anima con el testimonio de la comunidad pascual a que,
echemos fuera el temor y la maldad. Se trata de generar una convivencia social más respetuosa, tolerante y dignificadora de toda vida. Condición sin la cual no habría futuro para la comunidad humana. Toda acción impulsada por la justicia tiene el respaldo de la gracia de Dios; en cambio, lo construido sobre la injusticia terminará en su propio fracaso.
Ser fieles a la vida en Dios no es sostener ciegamente una doctrina, aunque tenga parte de verdad, ni persistir en un trabajo, por muy provechoso que parezca. Si esta doctrina y trabajo nos impiden amar, no están a favor de la vida. Permanece fiel quien, a ejemplo de Jesús, procura engendrar vida de verdad. Animados por el amor que su Espíritu nos da, comulguemos en solidaridad y cercanía con quienes todavía no experimentan la Pascua.