CUARTO DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
“Escuchen la voz del pastor”
Él nos llama por nuestro nombre
Saludo (Ver Segunda Lectura)
Jesús nos ha curado con sus heridas.
Nos habíamos extraviado como ovejas,
pero ahora hemos vuelto
al pastor y guardián de nuestras almas.
Que Jesús, nuestro Buen Pastor, esté siempre con ustedes.
Introducción del Celebrante
Ha sido Dios mismo, nuestro Padre, quien ha tomado la iniciativa de amarnos. Su amor sigue llamándonos a cada uno de nosotros personalmente, y nosotros oímos su voz, especialmente por medio de Jesús, nuestro Buen Pastor, que nos llama. ¿Oímos su voz en la oración, en las palabras que él nos dirige en las Escrituras, o cuando nos habla de corazón a corazón en la celebración eucarística? Y no podemos olvidar tampoco que Jesús nos habla en la comunidad de la Iglesia, en la que nos llama a través de la gente que grita con todas sus fuerzas sus necesidades y también su amor a nosotros.
Es estupendo saber que alguien te conoce por tu nombre, pues eso es ya una señal de amor. Si esa persona es alguien en quien tú confías, puedes ponerte en sus manos y sentirte muy seguro. Jesús se presenta hoy a sí mismo como un amigo que nos conoce y nos llama a caminar con él por el camino de la vida. Él nos sostiene y aguanta, pase lo que pase; y nos muestra el camino a seguir. Bajo su liderazgo podemos ser verdaderamente un pueblo, el pueblo de Dios. Con Jesús, nuestro Buen Pastor, celebramos ahora esta eucaristía y aprendemos de él a preocuparnos y cuidarnos los unos de los otros.
Acto Penitencial
A veces hemos prestado oídos sordos al Señor cuando nos llamaba.
Pedimos ahora perdón a Dios.
(Pausa)
Oh Buen Pastor, queremos oír tu voz
en las palabras desafiantes que tú nos diriges:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Oh Buen Pastor, que tu voz nos estimule
a continuar tu trabajo en la Iglesia
y a hacerte conocer por todos los hombres.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Oh Buen Pastor, haz que sepamos reconocer tu voz
que nos grita en los necesitados y en los que sufren.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor,
perdona nuestros pecados.
Ponnos en sintonía con tu voz que nos llama
y haz que te sigamos hasta el fin,
hasta la vida eterna.
Oración Colecta
Oremos a Dios
para que sepamos escuchar siempre la voz de Jesús,
nuestro Buen Pastor.
(Pausa)
Oh Dios, Señor nuestro,
Padre lleno de poder y de amor:
Tú nos has dado a nosotros, tu pueblo,
un guía fiable y cuidadoso
para llevarnos a ti y a los hermanos:
tu Hijo y nuestro Buen Pastor Jesucristo.
Mueve nuestros corazones con las palabras del Evangelio
como el mensaje de Buena Noticia
hoy para nosotros;
y ayúdanos también a oír la voz de Dios
en el silencio de nuestra fe,
en el gemido de nuestras miserias,
y en las palabras de aliento y alegría de los pastores de tu Iglesia
y de todos los que tienen buenas palabras para nosotros,
porque por medio de ellos habla también, y llama,
nuestro Buen Pastor, Jesucristo, nuestro Señor.
Primera Lectura (Hch 2,14.36-41): Llamados a seguir a Cristo
El día de Pentecostés, Pedro convoca a los judíos a seguir a Jesucristo, a quien ellos han crucificado. Por medio del bautismo serán perdonados, pertenecerán a él y a su comunidad, y el Espíritu Santo los guiará.
Hechos 2,14a.36-41: Dios lo ha constituido Señor y Mesías
Pedro se puso de pie con los Once y levantando la voz les dirigió la palabra: «Judíos y todos los que habitan en Jerusalén, sépanlo bien y presten atención a lo que voy a decir. 36Por tanto, que todo el pueblo de Israel reconozca que a este Jesús crucificado por ustedes, Dios lo ha nombrado Señor y Mesías». 37Lo que oyeron les llegó al corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: «¿Qué debemos hacer, hermanos?» 38Pedro les contestó: «Arrepiéntanse y háganse bautizar invocando el nombre de Jesucristo, para que se les perdonen los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. 39Porque la promesa ha sido hecha para ustedes y para sus hijos y para todos aquellos que están lejos a quienes llamará el Señor nuestro Dios». 40Y con otras muchas razones les hablaba y los exhortaba diciendo: «Pónganse a salvo, apártense de esta generación malvada». 41Los que aceptaron sus palabras se bautizaron y aquel día se incorporaron unas tres mil personas.
Salmo 23: «El Señor es mi pastor, nada me falta»
Segunda Lectura (1 Pe 2,20b-25): Salvados por nuestro Pastor
En un mundo lleno de injusticia y sufrimiento, nos sentimos como ovejas descarriadas. Jesús ha compartido nuestra suerte. Dándose totalmente por nosotros, se hizo nuestro Pastor.
1 Pedro 2,20b-25: «Han vuelto al pastor de sus vidas»
¿Qué mérito tiene aguantar golpes cuando uno es culpable? Pero si, haciendo el bien, tienen que aguantar sufrimientos, eso es una gracia de Dios. 21Ésa es su vocación, porque también Cristo padeció por ustedes, dejándoles un ejemplo para que sigan sus huellas. 22No había pecado ni hubo engaño en su boca; 23cuando era insultado no respondía con insultos, padeciendo no amenazaba, más bien se encomendaba a Dios, el que juzga con justicia. 24El llevó sobre la cruz nuestros pecados cargándolos en su cuerpo, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus cicatrices nos sanaron. 25Antes andaban como ovejas extraviadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus almas.
Evangelio (Jn 10,1-10): Llamados a seguir a nuestro Pastor
Jesús es el Buen Pastor que no abusa de su poder sino que nos conoce personalmente y es nuestra puerta hacia la felicidad y la alegría perdurables.
Juan 10,1-10: «Yo soy la puerta de las ovejas»
«Les aseguro: el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y asaltante. 2El que entra por la puerta es el pastor del rebaño. 3El cuidador le abre, las ovejas oyen su voz, él llama a las suyas por su nombre y las saca. 4Cuando ha sacado a todas las suyas, camina delante de ellas y ellas le siguen; porque reconocen su voz. 5A un extraño no lo siguen, sino que escapan de él, porque no reconocen la voz de los extraños». 6Ésta es la parábola que Jesús les propuso, pero ellos no entendieron a qué se refería. 7Entonces, les habló otra vez: «Les aseguro que yo soy la puerta del rebaño. 8Todos los que vinieron antes de mí eran ladrones y asaltantes; pero las ovejas no los escucharon. 9Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos. 10El ladrón no viene más que a robar, matar y destrozar. Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia».
Oración de los Fieles
Oremos con la más plena confianza a Jesús, nuestro Buen Pastor, porque él se cuida de las necesidades de todos los que lo siguen. Y digamos: R/ Señor, guíanos por el camino recto.
Señor Jesucristo, te confiamos a ti todas estas preocupaciones. Y no te olvides de nosotros, pues contamos contigo, Pastor y Señor nuestro, por los siglos de los siglos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo y Buen Pastor Jesucristo
prepara para nosotros la mesa de la eucaristía;
nos llama ahora a cada uno por nuestro nombre
para que compartamos su banquete con él.
Nosotros sólo podemos traer pan y vino ante ti.
Él se nos entregará a sí mismo.
Que él nos conduzca a tu propia casa;
y, mientras tanto, ayúdanos en nuestro caminar
a compartir nuestra comida unos con otros
con bondad, esperanza y justicia,
en el nombre de Jesucristo nuestro Señor.
Introducción a la Plegaria Eucarística
Hemos llegado ahora al punto central de la Misa, la Plegaria Eucarística. En ella recordamos cómo Jesús, nuestro Buen Pastor, entregó su vida por nosotros para darnos vida al máximo. Con un solo corazón y una sola alma, demos gracias al Padre.
Introducción al Padre Nuestro
Guiados por Jesucristo, nuestro Buen Pastor,
pedimos a nuestro Padre del cielo
que nos dé el pan de cada día
para nutrir nuestros cuerpos
y también el Pan de Vida de la Eucaristía
para alimentar nuestro espíritu.
R/ Padre nuestro…
Oración por la Paz
Señor Jesucristo:
Tú dijiste a tus apóstoles:
“La paz les dejo, mi paz les doy”.
No tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia
y escucha el clamor de tu pueblo
por la paz y la unidad
en la Iglesia y en el mundo.
Sé el Buen Pastor para todos,
para que haya un solo rebaño
bajo un solo pastor,
ahora y por los siglos de los siglos.
Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, nuestro Buen Pastor.
Él nos llama a cada uno de nosotros por nuestro nombre
y nos invita a participar en su banquete,
para darnos vida a tope.
Dichosos nosotros si lo escuchamos y lo seguimos.
R/ Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro,
Pastor eterno de tu pueblo:
¡Qué bueno poder oír la voz de tu Hijo,
Jesucristo nuestro Buen Pastor,
y recibirle como alimento de vida!
Que él nos conduzca a un valle de paz
donde nosotros también aprendamos de él
a llamarnos unos a otros por nuestro nombre,
a tener tiempo y espacio para todos
y a dar no solamente regalos,
sino a darnos a nosotros mismos,
para que otros vivan y sean libres.
Que esto sea una prenda y promesa
de la alegría de tu eterno hogar.
Te lo pedimos en el nombre
de Jesucristo, el Señor.
Bendición
Hermanos: En esta celebración eucarística hemos crecido en amor y confianza en Jesús, nuestro Buen Pastor. Por medio de él hemos crecido también en confianza unos con otros y en un sentido de pertenencia y comunidad. Cuando nuestro Pastor nos reúne, ¿qué otra cosa podemos hacer sino darnos cuenta de que pertenecemos, todos juntos, al pueblo de Dios y de que, como nuestro Señor, tenemos que vivir los unos para los otros? Que ojalá sepamos poner esto en práctica estos días pascuales. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
El «pastor» es una figura muy importante en la cultura judía; ellos mismos fueron pastores y experimentaron a Dios como “pastor”. Cuando salieron de Egipto comprobaron que la providencia de Dios los cuidaba como un pastor a su “rebaño”. A los dirigentes se los llegó a considerar “pastores” del pueblo por delegación divina; con bastante pesar y realismos se llego a distinguir, por sus acciones, a los buenos de los malos. Pero para Jesús no hay pastores malos o buenos. Para Él: o se es pastor o, con pesar, ladrón y bandido (cf. 10,1-2); pastor o extraño (cf. Jn 10,2-5); pastor o asalariado (cf. 10,11-12).
Con estas comparaciones, Jesús muestra a los “dirigentes” del pueblo de ese entonces, ¡Y A NOSOTROS, HOY!, la diferencia entre los pastores y los usurpadores. Y como no terminamos de entender, ha puesto estos nombres a las comparaciones: «puerta» para entrar y salir, que da libertad y no encierra; «recinto» que encierra, como el templo o las instituciones judías; «trepar», como actitud del liderazgo sin escrúpulos; «ladrones y bandidos», dirigentes explotadores y opresores; «pastor»: que apacienta y vivifica, guía y pastorea; «ovejas», como tesoro y la responsabilidad del pastor, y «portero», el que legitima el acceso; son los conceptos principales de este evangelio con los que Jesús explica y enjuicia el «mundo» injusto que han creado los dirigentes.
Y como no terminamos de entender, Jesús se aplica los conceptos a sí mismo: Él nos lleva al Padre con hechos concretos, buscando el bien de todos. La confianza que inspira Jesús es aquella que está llamada a ofrecer la Iglesia para no parecer extraños o de los que se aprovechan de la docilidad o bondad del rebaño. Lamentablemente en nuestra región latinoamericana no solo contamos con una larga lista de pastores asalariados en el ámbito político-social-religioso sino con lobos feroces que buscan despojar al Pueblo hasta de su dignidad. Dios quiere ovejas libres, no borregos sumisos. La misión más importante es la de despertar en conciencia para no caer ingenuamente en las redes de lo que nos genera esclavitud y muerte.
Los que seguimos libremente a Jesús lo hacemos dando testimonio de haber ingresado por «la puerta». Por eso la Eucaristía tiene sus puertas abiertas para que entremos y experimentemos los cariños y cuidados del Buen Pastor, pero también las tiene abiertas para que salgamos y pastoreemos “como Él” a quienes han sido puestos bajo nuestro cuidado y responsabilidad. En la Eucaristía también pedimos para que, en la Iglesia, todos nos dejemos guiar e iluminar por el buen pastor, Jesús.