SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
Un Pan, un Cuerpo
“Soy Yo, que me entrego a ustedes”
Saludo (Ver Evangelio)
Jesús nos dice hoy en el Evangelio:
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo.
Quien coma de este pan vivirá para siempre;
y el pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne.”
Que Jesús, el Señor, nos dé siempre este pan
y que permanezca siempre con ustedes.
Introducción del Celebrante (Dos opciones)
¿Dónde, en nuestra vida cristiana, encontramos a Jesús el Señor con más frecuencia y al más profundo nivel? ¿Acaso no es en la eucaristía de cada domingo (o de cada día), donde él se convierte para nosotros en alimento y bebida? ¿Acaso no es éste el centro de toda nuestra vida cristiana? Nuestra fe nos dice: Aquí está el Señor; aquí se nos da a sí mismo, en su cuerpo, alma y divinidad. Aquí él nos enseña a darnos a nosotros mismos, unos a otros. Demos, pues, gracias a Jesús que está siempre aquí con nosotros.
Cuando una persona está a punto de morir y da un mensaje de despedida a sus familiares y a sus amigos, sabemos que esas palabras salen del corazón, y nunca las olvidamos. En la víspera de su muerte, en la Última Cena, Jesús dijo: “Éste es mi cuerpo entregado por ustedes; esta es mi sangre derramada por ustedes. Hagan esto en mi memoria”. Allí, como en la cruz, Jesús se dio totalmente a sí mismo para que nosotros vivamos, y nos pidió que hagamos nosotros lo mismo para que otros vivan. Celebremos este sublime misterio ahora en esta eucaristía.
Acto Penitencial
En la Eucaristía Jesús nos hace participar en su vida,
pero nuestros pecados nos impiden ser como Jesús.
Pedimos ahora al Señor que nos perdone.
(Pausa)
Señor Jesús, tú multiplicaste el pan
para dar de comer a una muchedumbre hambrienta.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, tú te diste a ti mismo totalmente
en la Última Cena y en la cruz.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, tú tuviste sed
y pediste a la mujer junto al pozo
agua para beber,
y sin embargo ahora tú te das a ti mismo
como nuestra bebida de vida y alegría.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor;
danos el pan de tu perdón
y la bebida de alegría de tu bondad compasiva.
Y llévanos a la vida eterna.
R/ Amén.
Oración Colecta
Pidamos al Señor Jesús
que sea siempre nuestro alimento de vida.
(Pausa)
Señor, Jesús:
Tú nos pides que seamos tu Cuerpo
para la vida del mundo.
Aliméntanos aquí y ahora con tu Palabra de vida,
danos tu Cuerpo como comida
y tu Sangre como bebida de alegría,
para que logremos ser más semejantes a ti
y aprendamos de ti a vivir
no ya solo para nosotros mismos
sino para Dios y para los hermanos.
Haz que logremos ser una sola mente y un solo corazón,
para que el mundo reconozca
que tú vives en nosotros.
Sé nuestro Señor y Salvador,
ahora y por los siglos de los siglos.
Primer Lectura (Dt 8,2-3.14-16): Un Alimento para el pueblo necesitado
A su pueblo en necesidad en el desierto Dios le dio maná del cielo para comer y agua de la roca para beber y así pudieran marchar hacia la tierra prometida. Hoy Dios nos da a nosotros la Eucaristía en nuestro camino hacia él.
Deuteronomio 8,2-3.14b-16a: «Te alimentó con el maná, que no conocías»
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones, y ver si eres capaz o no de guardar sus preceptos. 3Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná –que tú no conocías ni conocieron tus padres– para enseñarte que el hombre no vive sólo de pan, sino de todo lo que sale de la boca de Dios. 14No te olvides del Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud; 15que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, lleno de serpientes y alacranes, una tierra árida una gota de agua; que te sacó agua de una roca de pedernal; 16que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres: para afligirte y probarte y para hacerte el bien al final».
Salmo 147: «Glorifica al Señor, Jerusalén»
Segunda Lectura (1 Cor 10,16-17): Un Pan, un Cuerpo
Nosotros cristianos, dice San Pablo, somos uno –o deberíamos ser– como Cuerpo de Cristo, la Iglesia, pues compartimos juntos el único Cuerpo eucarístico de Cristo.
1 Corintios 10,16-17: Uno es el Cuerpo que todos formamos
La copa de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? 17Uno es el pan y uno es el cuerpo que todos formamos porque todos compartimos el único pan.
Evangelio (Jn 6,51-58): Auténtica comida y bebida de Vida
En la eucaristía, Jesús es el Pan que nos sustenta y nos ayuda a crecer en su vida; él es nuestro vino de alegría y resurrección.
Juan 6,51-58: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida»
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne. 52Los judíos se pusieron a discutir: «¿Cómo puede éste darnos de comer [su] carne?» 53Les contestó Jesús: «Les aseguro que si no comen la carne y beben la sangre del Hijo del Hombre, no tendrán vida en ustedes. 54Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. 55Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. 56Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 57Como el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. 58Éste es el pan bajado del cielo y no es como el que comieron sus padres, y murieron. Quien come este pan vivirá siempre».
Oración de los Fieles
Oremos para que Jesús, el Señor, sustente a todos los que tienen hambre de él en el camino de la vida. Y digámosle: R/ Quédate con nosotros, Señor.
Quédate con nosotros, Señor, sé nuestra vida y nuestra felicidad, ahora y por los siglos de los siglos. R/ Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Señor, Jesús:
Así como una comida reúne juntos
a todos los miembros de la familia
y expresa su unidad,
así estamos ahora aquí,
reunidos como una familia en torno a tu mesa.
Reúnenos como a pueblo de tu alianza,
en unidad, amistad y paz,
con amor y con preocupación común
de los unos por los otros.
Que la entrega de ti mismo
llegue a ser carne y sangre en nosotros,
para que tú seas nuestro
Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.
Introducción a la Plegaria Eucarística
De todo corazón demos gracias y alabanza al Padre por aceptar de buen grado que Jesús permanezca con nosotros en la Eucaristía, como pan que nos alimenta en nuestro caminar hacia Dios y hacia los hermanos.
Introducción al Padre Nuestro
Dios es nuestro Padre
que da pan a su pueblo.
Con las palabras de Jesús,
pidámosle el verdadero pan del cielo
que da vida al mundo.
R/ Padre nuestro…
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concede paz y unidad a tu Iglesia.
Guárdanos libres de pecado
fortalecidos con el alimento de la Eucaristía.
Que este banquete nos dé fuerza
para superar nuestros miedos y ansiedades.
Y que nos prepare para la venida gloriosa
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…
Al partir el Pan
Nota: Es bueno, de vez en cuando, llamar la atención sobre el rito importante del partir el pan, que normalmente pasa desapercibido.
En la cruz a Jesús lo rompieron y aplastaron a causa de nuestros pecados. La noche de la Última Cena, Jesús se partió como un pan a sí mismo para sus discípulos. Y hoy se entrega una vez más para nosotros, aquí y ahora en la eucaristía, para que nosotros aprendamos también a compartirnos y a entregarnos unos a otros.
Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor,
el pan bajado del cielo
que nos da vida para siempre.
Dichosos nosotros,
invitados a comer este pan
y a vivir unidos al Señor.
R/ Señor, no soy digno…
Nota: Esta “Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo” es el día más apropiado para dar la comunión bajo las dos especies, de pan y vino, a condición de que sea pastoralmente factible.
Oración después de la Comunión
Señor Jesucristo:
Te damos gracias por habernos dado
tu Cuerpo y Sangre, todo tu ser,
y por hacernos sentir que somos uno
como comunidad tuya.
Te pedimos que permanezcas con nosotros.
Fortalécenos para llevar a cabo
tu trabajo de amor, integridad y paz,
y preparar el pan que somos
para entregarnos a los demás.
Y que este santo banquete
que celebramos en tu memoria,
en esta fiesta de tu eucaristía,
sea para nosotros el signo y el anticipo
del banquete eterno
que esperamos gozar un día todos juntos contigo
por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: En esta celebración eucarística Jesucristo se nos ha dado a sí mismo para unirnos a él y unirnos también a los hermanos. Él se ha entregado a sí mismo a nosotros, pueblo en marcha y peregrino, como nuestro pan de fuerza y de vida. Le pedimos que nosotros también sepamos vivenciar esa misma actitud para poder fortalecer a todos los que nos rodean, especialmente a los más necesitados. Y para llevar a cabo esta misión, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
La solemnidad que hoy celebramos es una excelente oportunidad para meditar en el misterio de la encarnación de Dios en nuestra historia humana. Se abaja y se compromete con su obra creadora hasta las últimas consecuencias. No se reserva nada; tampoco viene a quitarnos nada; lo único que quiere es que comprendamos el misterio de la vida que, mientras más se da y se comparte, más plena se vuelve.
En su Providencia nunca se desentiende de su Pueblo, pues Dios camina, padece, sueña junto a sus hijos e hijas en todo momento y circunstancia, como lo hizo en el desierto, como hoy lo hace con aquellas comunidades que caminan extenuadas frente a sistemas y gobiernos que no hacen más que aprovecharse de su vulnerabilidad.
A pesar de vivir en sociedades empobrecidas nunca nos falta el pretexto para compartir la tortilla, los frijoles, el mate, el café; alimentos y bebidas sagradas que de sobra sabemos que saben mejor si se comparten; y cuando se comparten de corazón, eso se multiplica en bendiciones y alegrías. Así es el Cuerpo y la Sangre de Jesús, una vida partida y compartida para salvarnos de la inanición y de la inhumanidad.
Jesús es presentado como el “Pan de vida”, en semejanza al alimento que sostuvo la vida de sus antepasados en el desierto; caigamos en la cuenta de que lo importante aquí no sólo es la “carencia” o la “abundancia” sino lo que se es capaz de lograr con el pan. Cuando se tiene pan y no se comparte, éste se daña o nos hace daño el exceso. Por el contrario, si se comparte, uno se alegra por el bien prodigado; igualmente felices y agradecidos cuando alguien lo comparte con nosotros. Lo importante no es el pan sino lo que hacemos con él; lo importante aquí es qué hacemos con la vida: ¿Nos la reservamos y nos empobrecemos o la compartimos y nos volvemos más humanos¨?
Vivir el Evangelio es hacer vida el alimento de la Palabra; es dar el fruto que producen las enseñanzas de Jesús; es asumir un reto nada fácil:el de colaborar con la construcción del Reino de Dios. En este día recordamos un fragmento de la hermosa poesía de Pedro Casaldáliga que nos invita a ser, como Jesús, pan partido y repartido: “Comiéndote sabremos ser comida. El vino de sus venas nos provoca. El pan que ellos no tienen nos convoca a ser Contigo el pan de cada día”. Que cada Eucaristía compartida en comunidad nos haga personas más solidarias.