Liturgia viva

El calendario litúrgico anual

DECIMOTERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

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Domingo 2 de Julio

 

DECIMOTERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

“Es a mí a quien ustedes acogen”

“¡Entren ustedes; están en su casa!”

 

Saludo (Ver Segunda Lectura)

Considérense muertos al pecado,

pero vivos en Cristo Jesús.

Que Jesús, el Señor de la vida,

este siempre con ustedes.

 

Introducción del Celebrante (Dos opciones)

  1. “Es a mí a quien ustedes acogen”

     Dios nos visita en cada prójimo que se acerca a nosotros, cercano o extranjero. Esto se aplica no solamente en nuestras familias sino también en nuestras comunidades eclesiales. ¿Cómo recibimos a “extraños y desconocidos” en nuestras iglesias? ¿Y a gente que ha venido de otras parroquias, pueblos o lugares? ¿Acogemos al Señor en ellos? Recordemos cómo el Señor nos acoge aquí en la eucaristía.

 

  1. “¡Entren ustedes; están en su casa!”

     A no ser que uno sea una excepción a la regla, la mayoría de la gente se siente muy feliz cuando se la hace sentir como en su propia casa, especialmente en casas y comunidades donde uno es “nuevo”. Ahora, en este nuestro tiempo, está desapareciendo a un ritmo alarmante el valor y el sentido de la hospitalidad. Los cristianos en sus comunidades, incluso en sus propias iglesias parroquiales, se están volviendo extraños unos a otros. Escuchemos a Jesús en esta eucaristía sobre cómo espera él que nos acojamos unos a otros, tal como él nos acoge a todos.

 

Acto Penitencial

El Señor acoge con alegría hasta a los alejados de él por el pecado.

Aceptemos este perdón con gratitud

y aprendamos de él a perdonar a los otros.

                              (Pausa)

Señor Jesús, te damos la bienvenida

cuando acogemos a los que hablan en tu nombre.

R/ Señor, ten piedad de nosotros.

 

Cristo Jesús, te damos un vaso de agua fresca

cuando saciamos la sed de un discípulo tuyo.

R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

 

Señor, te damos la bienvenida cuando recibimos

a los más débiles y pequeños de nuestros hermanos.

R/Señor, ten piedad de nosotros.

 

Ten misericordia de nosotros, Señor;

sana en nosotros las heridas del pecado

y llévanos a la vida eterna.

 

Oración Colecta

Oremos y pidamos a Dios que nos dé la gracia

de acoger a los hermanos

como él nos acoge a nosotros.

                   (Pausa)

Oh Dios, amable y cariñoso:

Tu Hijo Jesús nos acoge en tu casa,

nos proclama su mensaje de esperanza

y nos nutre con su propio cuerpo.

Que él disponga nuestro espíritu

para que sepamos acoger en su nombre

a los que él nos envía, conocidos o no,

y que reclaman justicia y amor,

integridad o un mero vaso de agua.

Confórmanos como una Iglesia abierta y acogedora,

para que un día tú nos acojas con gozo en tu hogar eterno.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

 

Primera Lectura (2 Re 4,8-11.14-16a): La mujer urgió al hombre de Dios a quedarse

     Con gran y generoso sentido de hospitalidad, la mujer sunamita ofreció cobijo y alimento al profeta Eliseo. Y como ella no tenía hijos, Dios la premió con un hijo.

2Re 4,8-11.14-16a

 

Un día pasó Eliseo por Sunán. Había allí una mujer rica que lo obligó a comer en su casa; después, siempre que él pasaba, entraba allí a comer. 9Un día dijo la mujer a su marido: «Mira, ése que viene siempre por casa es un santo hombre de Dios. 10Si te parece, le haremos en la azotea una pequeña habitación; le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y cuando venga a casa, podrá quedarse allí arriba». 11Un día que Eliseo llegó a Sunán, subió a la habitación de la azotea y durmió allí. 14Pero Eliseo insistió: «¿Qué podríamos hacer por ella?» Guejazí comentó: «Qué sé yo. No tiene hijos y su marido es viejo». 15Eliseo dijo: «Llámala». La llamó. Ella se quedó junto a la puerta 16y Eliseo le dijo: «El año que viene por estas fechas abrazarás a un hijo».

 

Sal 89: Cantaré eternamente las misericordias del Señor

 

Segunda Lectura (Rom 6,3-4.8-11): Muertos al pecado y vivos en Cristo

     En el Bautismo, nacimos a una nueva vida que caminamos de la mano de Jesús procurando vencer cada día todo lo que nos aleja de él.

Rom 6,3-4.8-11: Sepultados con Cristo en la muerte, para vivir una nueva vida

 

Hermanos: ¿No saben que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? 4Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó de la muerte por la acción gloriosa del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva. 8Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. 9Sabemos que Cristo, resucitado de la muerte, ya no vuelve a morir; la muerte no tiene poder sobre él. 10Muriendo, murió al pecado definitivamente; viviendo, vive para Dios. 11Lo mismo ustedes: considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

 

Evangelio (Mt 10,37-42): “Quien los recibe, a mí me recibe”

     Jesús instruye a sus apóstoles sobre su vocación y misión. Deben seguir a Cristo y estar listos para sacrificarse por él. Los que los acojan a ellos o a cualquier otro acogen también a Dios.

Mt 10,37-42: «El que no toma su cruz, no es digno de mí»

 

Dijo Jesús a sus discípulos: «37Quien ame a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; quien ame a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí. 38Quien no tome su cruz para seguirme no es digno de mí. 39Quien se aferre a la vida la perderá, quien la pierda por mí la conservará. 40El que los recibe a ustedes a mí me recibe; quien me recibe a mí recibe al que me envió. 41Quien recibe a un profeta por su condición de profeta tendrá paga de profeta; quien recibe a un justo por su condición de justo tendrá paga de justo. 42Quien dé a beber un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por su condición de discípulo, les aseguro que no quedará sin recompensa».

 

Oración de los Fieles

     Dios nos ha puesto hermanos a lo largo de nuestro camino. Pidamos a nuestro Padre, que nos acoge en Cristo, que los veamos siempre como personas a las que él ama y a las que quiere que nosotros amemos. Y digamos como respuesta: R/Escucha a tu pueblo, Señor.

 

  • Por la Iglesia, para que predique el Evangelio sin componendas ni transigencias, sea sensible a las aspiraciones y necesidades de nuestro tiempo y las vea a la luz de Cristo, roguemos al Señor.
  • Por los que en la Iglesia llevan el peso de la autoridad, para que se abran a todos sin favoritismos y hagan a todos corresponsables de todo el Pueblo de Dios, roguemos al Señor.
  • Por nuestros misioneros, para que ellos acojan los valores culturales del pueblo al que son enviados y se abran a su mentalidad, roguemos al Señor.
  • Por los que viven al margen de la sociedad, por los que viven solos y son desconocidos, los pobres y los ancianos, los enfermos y los incomprendidos, para que encuentren hermanos afectuosos que los comprendan y acojan con bondad, roguemos al Señor.
  • Por ésta y por todas las otras comunidades cristianas, para que no toleremos entre nosotros ninguna forma de prejuicio o discriminación sino que abramos nuestras puertas y nuestros corazones, roguemos al Señor.

 

     Señor Dios nuestro: Ayúdanos a acogernos unos a otros, para que tú nos acojas y permanezcas con nosotros para siempre, por los siglos de los siglos.

 

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios nuestro, Padre amoroso:

Tu Hijo Jesucristo nos invita

a participar en su mesa y a ser sus invitados.

Ya que él nos acoge ahora,

danos la gracia de aprender de él

a acoger a los hermanos

con discreción y generosidad.

Haznos agradecidos

cuando el invitado no puede devolvernos

el bien que le hemos hecho,

ya que así es como tú nos aceptas a nosotros

en Jesucristo nuestro Señor.

 

Introducción a la Plegaria Eucarística

     De cualquier forma que vengamos, Jesús, el Señor, nos invita a unirnos a él en esta ofrenda al Padre. Con él, demos gloria y alabanza a Dios.

 

Introducción al Padre Nuestro

Somos uno con Cristo nuestro Señor

por medio del bautismo.

Con él nos dirigimos en oración a nuestro Padre del cielo.

R/ Padre nuestro…

 

Oración por la Paz

Señor Jesucristo:

Así como los granos de trigo dispersos

se han juntado para hacer un único pan,

tú nos reúnes en tu Iglesia

a pesar de nuestras faltas.

No tengas en cuenta nuestros pecados

sino concédenos a todos los que vamos comer tu Cuerpo

que permanezcamos en paz y unidad

contigo y unos con otros,

para que el mundo sepa

que tú salvas a todos los que yerran

y que tú eres nuestro Señor y Salvador

por los siglos de los siglos.

 

Invitación a la Comunión

Éste es Jesucristo, el Señor,

que nos invita a su mesa.

Dichosos nosotros al aceptar esta invitación

para ser sus invitados.

R/Señor, no soy digno…

 

Oración después de la Comunión

Oh Dios y Padre nuestro:

Hoy hemos sido los invitados de tu Hijo.

Él quiere permanecer entre su pueblo

a través nuestro.

Ayúdanos a ser para los que nos rodean

su mano servicial,

su sonrisa de acogida,

su voz de aliento y de perdón,

el rostro de su amor.

Que ojalá sea éste su camino y también el nuestro

para atraer a los hermanos hacia ti, Dios nuestro.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

 

Bendición

     Hermanos: En esta eucaristía Jesús, el Señor, ha sido acogedor con nosotros. Nos ha hablado de corazón a corazón y se nos ha dado a sí mismo como comida y bebida. Nos ha dicho que acojamos a los hermanos en su nombre y que los tratemos como lo trataríamos a él. En su nombre, pues, aceptémonos y acojámonos unos a otros. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

 

Una de las experiencias que no siempre cultivamos es la de la gratuidad. Sentirnos agradecidos con el milagro de la vida, el amor providente de Dios o lo que hacen tantas personas a favor nuestro, es algo que no siempre brota espontáneo. Esto es lo que nos recuerda el testimonio de generosidad de la Sunamita y el gesto de agradecimiento de Eliseo.

 

El llamado de Jesús a la comunidad discipular es a  ponderar el amor de forma que les permita abrirse y no encerrarse o limitarse. Se trata de cultivar el amor a su persona y a su causa. El amor se ha de cultivar; estamos invitados a madurar en nuestra capacidad de salir de nosotros mismos al encuentro de los demás. Jesús mismo nos mostró que la comunión y el amor de Dios lo condujo a ruptura, no con sus familiares, pero si con la estructura familiar patriarcal, que daba demasiado poder a los varones en perjuicio de los demás miembros. Ni las mujeres, ni los niños, ni los siervos tenían privilegios y tenían que someterse a la voluntad del que llamaban ‘jefe de la casa’. En un contexto de opresión y de injusticias es que Jesús nos plantea las palabras que hemos escuchado hoy. Ciertamente la radicalidad de esta forma de amar nos coloca en situaciones complejas, que pueden generar división y confrontación en el propio círculo familiar.

 

Jesús nos prepara el camino y no nos deja solos para asumir nuestra misión. Con esta esperanza debemos ir dispuestos a gastar nuestra vida ofreciéndola al servicio de quienes viven experiencias de desamor. Podemos ver, como resultado de la pandemia vivida, que en nuestra sociedad se ha incrementado el individualismo al evitar el contacto físicopor temor a contagiarse. La pandemia ha puesto de relieve los individualismos, los egoísmos, las indiferencias, exponiendo al mismo tiempo valiosos testimonios de entrega generosa de cuantos , incluso poniendo e riesgo su propia vida, sirven a  los enfermos.  Este ha sido, y continúa siendo, un escenario en el que mirarnos para revisar nuestra capacidad de ayudar a otros a llevar su cruz y  ser para ellos testigos de Esperanza.

 

 

 

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