Domingo 27 de Agosto
VIGÉSIMOPRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
En manos de gente débil
La autoridad en la Iglesia
Saludo
Por medio de Jesús,
Dios ha confiado su Iglesia
a manos humanas y débiles.
Que el Espíritu del Señor
guíe a los líderes y miembros de la Iglesia
y que el Señor Jesús esté siempre con ustedes.
Introducción del Celebrante (Dos opciones)
Quizás nos asombramos a veces de por qué Jesús puso su Iglesia en manos de gente frágil y débil, tanto nuestros líderes como nosotros mismos, los miembros de a pie. Aun así, Dios confía en nosotros y en nuestros líderes, y promete estar con nosotros hasta el fin de los tiempos. Parece como que Dios se fía más de nosotros que nosotros de él. Pidamos a Jesús aquí presente que nosotros y nuestros líderes vivamos de acuerdo a esa confianza.
¿Quiénes creemos que forman la Iglesia? No solo el Papa y los obispos. Ellos son el fundamento, encargados por Cristo para dirigir, presidir, servir, guardar orden y unificar. Pero también nosotros, con ellos, somos la Iglesia. Es responsabilidad nuestra cooperar con ellos y, con toda confianza y madurez, compartir su carga y edificar la Iglesia con ellos. Juntos somos la Iglesia de Cristo. Celebremos ahora juntos, con alegría y gratitud, nuestra fe en él.
Acto Penitencial
Pidamos perdón al Señor
porque nuestra fe y confianza
con frecuencia se nos vuelven vacilantes y débiles.
(Pausa)
Señor Jesús:
Creemos en ti pues eres el Mesías,
el Hijo del Dios Vivo.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús,
confiamos en que tú nos perdonas,
ya que has encomendado a la Iglesia
llevar tu perdón al mundo.
R/. Ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, confiamos en tu promesa
de que los poderes del mal
nunca pueden vencer
al pueblo que ganaste para ti.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, confiamos en ti;
sabemos que por tu gran compasión nos perdonas.
Ayúdanos a llevar tu perdón a otros
y llévanos a la vida eterna.
Oración Colecta
Demos gracias al Padre
por nuestra fe en Jesús
y por la confianza en el liderazgo de la Iglesia.
(Pausa)
Oh Dios y Padre nuestro:
Te damos gracias porque nos has regalado
el don de la fe en tu Hijo Jesucristo,
Señor y Salvador nuestro.
Haz que esta fe crezca en nosotros
para que capee y aguante todas las dudas,
cuestiones y dificultades.
Danos también una profunda comprensión
y confianza en el liderazgo de la Iglesia,
para que junto con el Papa y nuestros obispos
fortalezcamos la comunidad de los fieles de tu Iglesia
y con ellos demos testimonio al mundo
de tu misericordia y amor salvadores.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura (Is 22,19-23): El líder es responsable ante Dios
Dios encomienda su tarea a los líderes de su Pueblo. Les da “la llave” de la autoridad. Ellos son responsables ante él y ante el Pueblo.
Isaías 22,19-23: «Colgaré de su hombro la llave del palacio de David»
Así dice el Señor a Sobná, mayordomo del palacio: «Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo. 20Aquel día llamaré a mi siervo Eliacín, hijo de Jelcías: 21le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será un gobernante para los habitantes de Jerusalén y para el pueblo de Judá. 22Le pondré en el hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá. 23Lo hincaré como un clavo en sitio firme, dará un trono glorioso a su familia».
Salmo 138: «Señor, tu misericordia es eterna»
Segunda Lectura (Rom 11,33-36): A Dios sea la gloria por siempre
Pablo ha explicado cómo Dios ofrece la Salvación tanto a los judíos como a los paganos. Y alaba a Dios por su gran sabiduría.
Romanos 11,33-36: «Él es el origen, guía y meta del universo»
Hermanos: ¡Qué profunda es la riqueza, la sabiduría y prudencia de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones, qué incomprensibles sus caminos! 34¿Quién conoce la mente de Dios? ¿Quién fue su consejero? 35¿Quién le dio primero para recibir en cambio? 36De él, por él, para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén.
Evangelio (Mt 16,13-20): Pedro es nuestro roca. ¿Quién es Jesús para nosotros?
A la pregunta de Jesús –“¿Quién dicen ustedes que soy yo?”– Pedro profesa llanamente su fe: “Tú eres el Salvador, el Hijo del Dios vivo”. Jesús lo hace participar en su propia autoridad para el servicio de sus compañeros apóstoles y de toda la Iglesia.
Mateo 16,13-20: «Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos»
Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a los discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» 14Ellos contestaron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; otros, Jeremías o algún otro profeta». 15Él les dijo: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy?» 16Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». 17Jesús le dijo: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo! 18Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá. 19A ti te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». 20Entonces les ordenó que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
Introducción al Credo
Con Pedro y con toda la Iglesia
expresamos nuestra fe en Dios
y en Jesús, nuestro Salvador.
R/ Creo en Dios Padre…
Oración de los Fieles
Oremos a Dios nuestro Padre, de quien procede toda autoridad en el cielo y en la tierra, y digamos: R/ Señor, haznos servidores de tu amor.
Señor Dios nuestro, ayúdanos a respetar a cada persona como a alguien por quien Jesús dio su vida. Que Jesús esté vivo en medio de nosotros para que sepamos construirnos unos a otros con fe y valor, con confianza y esperanza, porque él es nuestro Señor por los siglos de los siglos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Danos en esta eucaristía el Cuerpo de tu Hijo,
para que lleguemos a ser cada vez más
el Cuerpo de la Iglesia, la comunidad viva de tu Hijo.
Por medio de él te ofrecemos
honor y gloria por los siglos de los siglos.
Introducción a la Plegaria Eucarística
Entre nosotros está Jesús, el Salvador, el Hijo del Dios Vivo. Con él ofrecemos a Dios nuestro Padre este sacrificio de alabanza y acción de gracias.
Introducción al Padre Nuestro
Estamos ante el Padre del cielo
para orar ahora unidos a Jesús nuestro Señor
con la oración que él mismo nos enseñó.
R/ Padre nuestro…
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de toda falta de fe
y del mal; de todo pecado.
Danos la paz y la confianza que proviene
de conocer que Jesús está vivo en medio de nosotros
como nuestro Señor y nuestro guía seguro.
Danos la certeza de que, con él, no hay nada que temer
y de que con él podemos construir
el reino de servicio y amor entre nosotros,
el reino de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…
Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, nuestro Señor y Salvador
y el Hijo del Dios Vivo.
Dichosos nosotros que creemos en él
y lo recibimos como nuestro alimento de vida.
R/ Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Oh Dios todopoderoso:
Tu Hijo Jesucristo se ha hecho presente
aquí en medio de nosotros
sin ningún despliegue de poder,
sino más bien como el humilde siervo
sus hermanos y hermanas.
Que los que llevan en la Iglesia la carga de la autoridad
lleguen a ser más semejantes a tu Hijo Jesús.
Que ellos, siendo indiferentes al poder y a la fama,
reflejen la actitud de tu Hijo,
que vino no a que lo sirvieran sino a servir.
Que esta sea su forma de llegar a ser grandes
en Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Hemos experimentado en esta eucaristía un poco de la unidad de la Iglesia. Nos hemos sentido uno en Cristo. Después de Jesús, y bajo su poder, el principio de unidad en el amor y el servicio es el Papa, y con él los obispos. Con ellos somos llamados a continuar la misión de Cristo en la Iglesia y en el mundo. Para llevar a cabo esta tarea, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
En la primera lectura el profeta Isaías anuncia la destitución del mayordomo real y su remplazo. Aquel era un tiempo difícil porque el imperio del norte, Asiria, estaba en campaña y expandiéndose hacia Egipto; los reinos de Judá y de Samaría estaban en su ruta y los había de subyugar para asegurarse su lealtad. El desastre para la ciudad era inminente. El mayordomo real, sin embargo, no se conducía con la gravedad del momento porque se edificaba un bello sepulcro para perpetuarse en la tierra. Esto lo denuncia el profeta en el oráculo previo al texto que escuchamos hoy. Sobná será remplazado por Eliacín, del que dos imágenes auguran su potestad y firmeza: la llave del palacio davídico y la clavija, que evoca un doble sentido: el de la estaca que le da estabilidad a la tienda del nómada y el del clavo del que pende algo pesado; en este caso, su linaje. El nuevo mayordomo queda investido con el favor legítimo del descendiente de David.
Esto resuena en el evangelio de hoy:La pregunta que Jesús formula a sus discípulos se la ha de plantear todo seguidor del Cristo y responderla no de manera hipotética sino desde lo que hace y dice. ¿Corresponde mi obrar con lo que conozco del Dios vivo, o, por el contrario, promueven mis acciones el imperio de la muerte? La confesión mesiánica del portavoz discipular le vale ser depositario de una encomienda doble por parte del Mesías: afianzar la comunidad de creyentes y decidir en los asuntos comunitarios. Esto es lo que indican las imágenes de la piedra y las llaves, con su talante administrativo, que espejea el oráculo de Isaías. La administración es una encomienda determinante en cuanto al bienestar de los miembros de la comunidad, sea ésta civil o religiosa. Si en un momento se pensó que cualquier individuo podía solventar las tareas administrativas porque las instituciones suplían y subsanaban las deficiencias personales, hoy esto resulta insostenible. Más que nunca, importa mucho el talante personal de cada miembro de la sociedad para que el bien común se pueda concretar. Los resultados de la oleada mundial del populismo que ha arribado a los sistemas políticos de nuestros países han puesto sobre la mesa un autoritarismo caudillista que parecía desterrado. Los ciudadanos de la ciudad celeste y terrestre hemos de vigorizar nuestra participación en todos los espacios públicos para que la vida triunfe sobre el imperio de la muerte que se regenera como monstruo de mil cabezas. ¿Cuestionamos a los administradores para que sirvan a los miembros más vulnerables de la comunidad?